El francés que todos hablan.
Parece que se ha puesto de moda entre los famosos y celebridades adoptar niños, aunque claro está ellos no son paran nada los pioneros sino solo han servido para hacer ‘popular’ una opción de vida tan peculiar. Siempre me pregunto en qué pensaran estos famosos a la hora de adoptar un niño que proviene de otra cultura y con idioma probablemente desconocido.
Mis padrinos de bautizo –me bautizaron de bebé asà que no fui conciente de lo que sucedÃa- son franceses, se hicieron amigos de mis padres años antes de que yo naciera.
Siempre han sido dos personas muy particulares, ambos rondan ya los setenta y tantos, han vivido muchas cosas, entre ellas la segunda guerra mundial. Este hecho los marcó mucho, porque desde el fin de la guerra ambos se abocaron a causas pacifistas y de compromiso para ayudar a los más necesitados.
Cuando veo a Angelina Jolie en los noticieros me acuerdo un poco de ellos, no precisamente por la fama o los escándalos que rodean a mis padrinos (que son dos ancianos encantadores que resumen lo que es ser un francés en una sola sonrisa) sino por la amplia familia que formaron.
Nunca tuvieron hijos biológicos, no se muy bien por qué razón, pero han adoptado a lo largo de su vida (cincuenta y cinco años de casados) a siete hijos provenientes de distintas partes del mundo.
Son dos eslovacos, una mexicana, una etÃope, uno ruso, una colombiana y el último peruano. Los mayores tienen ya más de 30 años y el menor está a punto de cumplir 18.
Siempre que tenÃa la oportunidad de visitar a mis padrinos en la casa que tenÃan acá en mi paÃs, Perú, sentÃa la extraña sensación de que entraba en un mundo totalmente extraño.
Mis padrinos habÃa decidido hace mucho tiempo que si iban a adoptar niños no era para hacerlos simples ciudadanos franceses. El requisito era que se formaran compartiendo la cultura en donde nacieron y en donde vivÃan. Por eso cuando daba un paso a la casa lo primero que oÃa era un laberinto de palabras en idiomas distintos. Cada uno de los chicos además de aprender el francés, aprendÃa su idioma materno y además aprendÃan juntos el idioma del paÃs en donde se encontraban pues mis padrinos eran personas muy viajeras.
A medida que pasaba el tiempo el francés se volvió el idioma común en esa casa de Babel, yo me comunicaba con la familia en inglés o en el poco francés que iba aprendiendo, salvo por Remi que era peruano y practicaba el español conmigo.
Cuando tuve la oportunidad de viajar a Francia, donde estaba la ‘residencia oficial’, pude conocer el idioma de una forma distinta. Ya no era solo el francés que hablaban en casa y entre ellos (mis padrinos y sus hijos) sino una sociedad completa.
Lo más hermoso de poder estar en Francia no es precisamente estar en ParÃs, mis padrinos tenÃan una enorme casa en Lyon, que es la tercera ciudad más grande de Francia. En lo personal no tenÃa nada que envidiarle a ParÃs y tenÃa buenas escuelas y con la compañÃa de mis padrinos y sus hijos fui mejorando mi francés.
Además, aún cuando es una ciudad grande y moderna tiene muchos lugares antiguos que visitar, una colinas que ya quisiera poder ver por acá y uno puede caminar tranquilamente por sus calles (aunque se puede ver mucha gente apurada de ir a trabajar).
En fin, gracias a mi estadÃa en Francia y a estar en un ambiente cotidiano mi francés a mejorado mucho. Ahora estoy haciendo el examen de clasificación para optar por el grado de profesora del idioma, sobre todo porque cuando regresé a mi paÃs y volvà a clases mi acento habÃa mejorado tanto que mi profesor me dijo que tenÃa buenas oportunidades enseñando.
Para el caso del francés el acento es muy importante, la gente siempre está pendiente de la forma en que lo hablas para saber ‘de donde eres’, gracias a que tuve un entorno tan variado pero a la vez tan francés, pude adquirir un acento francés bastante estándar, aún cuando en Lyon hay una variación respecto a como lo hablan en ParÃs.
Eso sÃ, siempre me queda algo de ‘envidia sana’ cuando veo cómo los hijos de mis padrinos manejan unos tres o cuatro idiomas con toda naturalidad, eso mismo me hace tener ganas de aprender otro idioma, aunque aún no se por cual inclinarme.
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