Aprender inglés: malas palabras, buenas palabras.
No sé si a ustedes les habrá pasado pero según recuerdo de mis épocas de escolar, solía estar más interesado en aprender malas palabras que en escribir bien o en comportarme como un niño decente.Es más, creo que más de uno habrá encontrado divertida la primera vez que descubría que ‘esa mala palabra’ que aprendíamos por algún descuido adulto, ejercía un poder bastante interesante. A los adultos no les gustaba que la usáramos y nuestros compañeros de clase nos veían con caras extrañadas y curiosas.Creo que en muchos aspectos, aprender un idioma obedece menos al lado formal en que se enseña en una clase, y más al lenguaje ‘de calle’, ese que se habla con los amigos o en la familia y se aprende con el día a día.Y, obviamente, en el día a día es cuando aprendemos a decir ‘gracias’, ‘por favor’, ‘usted’, y otras galanterías que cuando éramos niños, los adultos nos aplaudían. Pero, a medida que íbamos creciendo, poco a poco dejábamos de acordarnos que al viejo de la esquina había que decirle ‘Señor’ o que a las mujeres mayores había que decirles siempre ‘Señorita’… Más bien comenzábamos a notar que incluso en el lenguaje, uno debía ser competente, no correcto al usarlo, si no sabíamos utilizar algunas palabras en la jerga de nuestros compañeros de clase o de calle (sin que esto implique solo groserías) entonces realmente estábamos en aprietos y nos convertíamos en blanco de las burlas.Y cuando de aprender inglés, o cualquier idioma se trata, el asunto no varía, siempre habrá un interés de las personas por aprender groserías e insultos, de modo que el lenguaje se transforma también en un arma. Durante mi estadía en Los Ángeles, para unos meses en inmersión lingüística, me quedé viviendo en casa de una familia, el hijo mayor de la pareja que me acogió tenía mi edad y había tenido una experiencia para aprender español en España, por lo que se mostró muy interesado en intercambiar ciertos conocimientos que ‘no recibiría’ en la Escuela de Idiomas, y esto significaba una ‘guía práctica para mentar la madre en inglés americano’.Ahora, no recuerdo cómo, pero en una de esas charlas terminamos hablando sobre la florida gama de palabras que existen en español y en inglés para denominar a “ese pequeño amigo” que todos los chicos tenemos, ese “amigo” del futbolista Beckham, del cual su flamante esposa, Posh Spice, ha dicho palabrería y media.¿Por qué esa obsesión con darle tantos nombres a una parte del cuerpo? La verdad no tengo respuesta para ello ni para entender por qué de niños y adolescentes el lenguaje llegaba a ser un arma y una forma de sobrevivir en la selva social. Pero si reviso mi vocabulario, en español al menos me sé diez sinónimos y en inglés, unos cuatro para la palabra pene: dick, penis, wenny, cock; ¿es esto un desperdicio para la lingüística? Quién sabe, solo sé que, es cierto que en cuestión de aprender idiomas, se es casi bilingüe en nuestra propia lengua, por un lado en tu familia y en las clases del colegio, te enseñan el lenguaje “formal”, y por otro, con los amigos, aprendes otro tipo de lenguaje. En todo caso, conocer un idioma, aunque suene algo extraño para algunos, implica también conocer ese tipo de palabras, pero dejemos en claro, una cosa es conocer una palabra y otra, decidir cómo y cuándo usarla.

