Cuando el problema de la comunicación es que se comunica demasiado.
Con mi anterior novio solía discutir mucho, demasiado. Y por cualquier cosa, la verdad es que ambos sufríamos del mal del sabelotodo y cada uno trataba de explicarle al otro que el sentido de la vida lo entendía uno y el otro no.
Finalmente nuestras discusiones terminaban en un ‘ ¿por qué no entiendes?’ o un ‘no te haces entender’.
A veces me parecía que era más fácil hablar con un norcoreano y un surcoreano al mismo tiempo que explicarle a mi antiguo novio por qué me molestó que se burlara de mi hermana mayor y su estúpido corte de peinado. ¡Vamos! Y esto lo hacen muchos hombres ¿no saben tener algo de tacto?
Finalmente cansada de mis peleas con él decidí irme de viaje. Y ya que si le decía que quería irme con mis amigas iba a salir con que quería divertirme sin él y buscar amores de verano, por eso pensé que era un buen momento para aprovechar y tomar unas clases de inglés en Londres. Una buena oportunidad para conocer esa ciudad desde otro punto de vista, de paso conocer gente nueva también desde otro aspecto y además mejorar mis conocimientos del idioma.
De paso mi novio no hizo tanto escándalo como pensé, eso sí discutimos el día anterior a mi viaje. Estando en Londres, a la semana de mi llegada, me di cuenta que me era mil veces más fácil hacerme entender por cualquier inglés hablando despacio y lentamente, que con mi novio aún cuando tuviera un diccionario “Español- Roberto- Roberto-Español” (Roberto es el nombre del susodicho).
Así, durante mi estadía en Londres fui testigo de cientos de ironías lingüísticas que me hicieron reflexionar en los dos años de relación que tuve con este novio. Finalmente es extraño pensar que estando en una sociedad desconocida, donde no solo no hablas bien su idioma sino que estás en otro contexto social y cultural, la gente te entiende.
O mejor dicho, no es que la gente venga y te entienda y ya, sino que hacen el esfuerzo por tratar de escucharte, comprender y te preguntan cuando algo no les queda claro. Esa es la principal ironía, en un lugar en donde se parte de la premisa ‘es posible que me cueste entenderle’ la respuesta no es ‘no te entiendo’ sino ‘me puedes repetir lo que dijiste con más lentitud?
¡Y eso que yo me encontraba en un ámbito lingüístico ajeno! La gente en Londres, los ingleses, eran más receptivos conmigo y yo con ellos, que yo con mi novio y él conmigo.
Y bueno, luego de dos meses de ‘ironías’ y de pasarme hablando inglés todo ese tiempo regresé a casa contenta de mi experiencia, orgullosa de la decisión final pero no alegre por saber que necesitaba terminar con mi novio.
El encuentro final fue bastante bueno, dentro de los pormenores de nuestra ruptura terminamos lo mejor que se pudo. No lo he vuelto a ver desde entonces sin embargo de lo que me enteré hace unos días por una amiga común es que también estaba pensando en irse a un curso de inglés en USA. Ojalá ese viaje le haga reflexionar como a mí…o al menos reflexionar como a él mismo le parezca…con tal de que reflexione…

