Moda e italiano.
No tuve una motivación muy seria cuando decidà comenzar mis estudios de italiano. Simplemente me gustaba mucho la moda de Milán y escuchar la forma en que los personajes de las pelÃculas de Fellini hablaban ese idioma. Se escuchaba tan indiscreto pero a la vez melodioso y cotidiano que sentÃa que me encontraba en un entorno familiar aún cuando estaba en una sala de cine a oscuras y rodeada de personas desconocidas.
Creo que es lógico pensar que por general las personas no decidimos aprender un nuevo idioma solo porque sÃ. Es decir, nadie se pasa cinco años aprendiendo alemán si es que no tiene la idea de viajar a Alemania o al menos de poder leer obras en ese idioma.
En mi caso no lo pensé mucho cuando decidà aprender italiano, solo que me gustaba mucho la sonoridad y musicalidad de esa lengua y por otro lado que siempre me gustó la moda y sabÃa que Milán era un centro importante para la alta costura.
Cualquier persona que quiera ser diseñador no se contentará con mirar fotos de Milán cuando Italia está a unos pasos. Es una cuestión de compromiso personal el decidir viajar a un paÃs con una importancia tan significativa para la moda.
Es en cierta manera como realizar una peregrinación hasta un lugar de culto, ir a Milán es algo que todo diseñador fiel debe hacer.
Y bueno, yo, que siempre apunté mi futuro como diseñadora, no iba a perder la oportunidad de ir a Milán y menos de aprender el italiano.
Cuando comencé mis cursos de italiano en Barcelona lo hice pensando que una vez terminados mis estudios me irÃa rumbo a Italia. Pero entonces se me presentó la oportunidad de hacer un viaje de intercambio para pasar un tiempo viviendo con una familia en Milán y, claro, aprender el italiano durante mi estadÃa.
Sin duda fue una oportunidad única, Milán es la capital de la moda en Italia además de ser el centro comercial de ese paÃs. Es una ciudad demasiado viva, pareciera que nadie duerme ahÃ, incluso yo, me pasé tres dÃas seguidos sin dormir con los amigos que hice ahà y con los otros estudiantes que estaban estudiando conmigo.
Y no se vaya a pensar que fui a divertirme y que no aprendà nada, al contrario, una señal de que me estaba familiarizando con el idioma es que podÃa hacer amistades sin problema. Por otro lado la vida cultural en Milán es tan intensa como su vida nocturna. El Instituto de idiomas donde tomábamos las lecciones organizó salidas y paseos para llevarnos a museos y tiendas de artesanÃas e incluso fuimos al teatro de ‘La Scala’.
Y por mi propia cuenta pude visitar las tiendas de ropa y mirar los escaparates con todo tipo de diseños, desde los más extravagantes hasta los vestidos más lindos. Además de los cafés que se podÃan encontrar a cada paso eran encantadores, como las pelÃculas, y los mismos italianos….pues, qué puedo decir de ellos, realmente Italia es surrealista sin Fellini.

